Sin foto Elena Kühnel
China, ¿oportunidades o amenazas?

El objetivo del país no es aumentar el PIB e ir superando a otros países, sino cambiar la estructura de crecimiento.

Después de varias décadas creciendo de media entre el 9 y 10%  la economía china parece desacelerarse, bajando a un “modesto” 7,4% el pasado año 2014.  Si bien existen razones macroeconómicas debido a la reciente crisis económica internacional, no hay que olvidar que esta nueva situación es también  fruto de una estrategia perfectamente diseñada por las autoridades chinas para dar un cambio de rumbo al gigante asiático, segunda economía mundial.

En palabras de Ma Jiantang, director del Buró Nacional de Estadísticas, “El objetivo del país no es aumentar el PIB e ir superando a otros países, sino cambiar la estructura de crecimiento”. Parece que la exportación de ropa, juguetes y otros productos de bajo coste ya no son la prioridad del Politburó. China quiere seguir liderando la exportación mundial pero en sectores de equipamiento de medio y alto valor añadido; pretende competir en la alta tecnología y superar a países como EEUU o Japón. El rápido y desmesurado crecimiento de los últimos años ha ocasionado problemas sociales y medioambientales que hoy son una potencial bomba en manos de sus dirigentes. Esto, sumado al progresivo envejecimiento de la población fruto de la política del hijo único, al malestar en ciertos sectores por falta de libertades públicas  y al riesgo de una posible burbuja inmobiliaria de consecuencias inimaginables (en China todo se multiplica) forzó a tomar medidas que posiblemente cambiarán el rumbo de la historia. El pasado noviembre de 2013 se adoptaron 60 puntos de reforma que abarcan desde el fomento de la entrada de inversión privada en las todopoderosas Empresa Estatales, muchas de ellas ineficaces,  a la liberalización del sector bancario dando entrada a nuevos actores de titularidad privada. Previamente, en septiembre se inauguró la zona piloto de libre comercio en Shanghai, un banco de pruebas para futuras reformas económicas más avanzadas. 

En un país comunista con una economía de mercado en la que la educación  y la sanidad no son gratuitas, sus habitantes se han visto históricamente forzados a ahorrar para proteger el futuro de sus ascendientes y descendientes. El nuevo modelo planteado pretende un  crecimiento a base de consumo interno y no tanto basado  en la exportación y la inversión extranjera. La política del ahorro choca frontalmente con él. En 2013 el consumo privado suponía un 13% del PIB cuando en los países desarrollados está entre el 60% y el 80%. Es por eso que el Gobierno se plantea dar más coberturas sociales y liberar esa parte de ingresos hacia el consumo privado. Una de las medidas más reclamadas por la población es la reforma del “Hukou” que es una especie de carta de residencia que ata a los ciudadanos al lugar donde nacen, quedando anulados los servicios públicos (sanidad, educación, vivienda…) en el caso de emigrar.  Las recientes masivas  migraciones de los campesinos a las ciudades, más ricas y prósperas que el campo, han creado una legión de desheredados que no tienen acceso a las necesidades más básicas. Los dirigentes son conscientes del problema y están dando pasos para esta reforma. También se ha relajado la política del hijo único, permitiendo a las parejas en los que uno de ellos es hijo único (antes debían de ser los dos), tener un segundo descendiente.

En el fondo de estos cambios, se pretende crear una clase media china que pase de los aproximadamente 100 millones actuales a  los 500 millones con un razonable poder adquisitivo. Se pretende urbanizar China con el objetivo de llegar a un 70% de la población en 2030 residiendo en ciudades, aproximadamente 1.000 millones.

En el  mundo occidental hemos considerado a China durante muchos años una serie amenaza para nuestros intereses económicos. Sectores como el calzado, el textil, juguetes u otros  fueron prácticamente desmantelados y deslocalizados en ciudades asiáticas, generando paro y empobreciendo nuestro tejido industrial. Ahora parece que se abre un nuevo período en el que esa clase media potencial, amante de lo los productos occidentales y de marcas,  aparece como una verdadera oportunidad para nuestra industria.

¿Seremos capaces de asumir el reto?

 

Artículo escrito por Carlos Barreiro.

Profesor del Máster en Logística Integral de Kühnel Escuela de Negocios.

Director de Compras de Sipejma (Grupo  Lapesa)

La temática de este post hace referencia a la información que impartirá Carlos Barreiro en el taller sobre mercados asiáticos en este mismo máster.