Sin foto Elena Kühnel
Los 10 riesgos de invertir en una startup

Muchas personas invierten su dinero en una idea liderada por un equipo de emprendedores y a veces los resultados no son los esperados

Esta entrada ha sido escrita por Juan Carlos Higueras, profesor del Master in Business Administration de Madrid de Kühnel Escuela de Negocios.

Cuando un cliente o un conocido me pide consejo acerca de invertir en una startup, empiezo a recordar múltiples situaciones de otros inversores que pusieron una parte de su patrimonio en una compañía, en fase de creación o crecimiento, y que han sufrido muchos dolores de cabeza después, por no haber estudiado los principales riesgos asociados.

No son pocas las personas que, a la vista del crecimiento de nuevas empresas basadas en internet o el desarrollo de apps, algo que está de moda, han decidido dar un vuelco a su vida profesional, ya sea creando su propio negocio o bien invirtiendo en una idea liderada por un equipo de emprendedores. Muchos piensan en el éxito de compañías como Youtube, Facebook, AirBnB, Uber, o españolas como Wallapop, JobandTalent, JobToday, Privalia, coches.com, LaNeveraRoja, etc, sin ser conscientes de los miles de negocios que fracasaron y donde sus inversores perdieron buena parte de su patrimonio y de su salud mental.

En España, en los últimos años la inversión en startups está creciendo a buen ritmo, favoreciendo la aparición de un ecosistema formado por emprendedores, empresas tecnológicas, empresas de capital riesgo, inversores profesionales, sociedades de crowdequity o crowdfunding, aceleradoras, gurús de internet, bancos, escuelas de negocios, universidades y administraciones públicas, entre otros. Se convocan premios y concursos a la mejor startup o a la mejor app y, muchos de ellos, anunciados a bombo y platillo sirviendo de canalizador, no sólo de la iniciativa emprendedora española sino del talento de los jóvenes españoles que ven la dificultad de acceder al mercado laboral si no es mediante la emigración a otros países.

Por otro lado, de acuerdo con diversos informes, sólo un 10% de las startups supera los 3 años de vida y un 2% consiguen llegar a los 5 años. En esta línea, es importante que los inversores tengan presente que el riesgo en este tipo de negocios es muy elevado, de modo que las posibilidades de perder el dinero invertido son altas, muy altas.

Recuerdo las palabras de un gurú de las startups, con bastante prestigio, que me indicaba que lo primero que se debe hacer si quieres invertir es no colocar más dinero que aquel que te puedas permitir perder y que como 1 de cada 10 compañías tienen éxito y las demás fracasan, al final, el papel del inversor se debe limitar a apostar sobre 10 proyectos con la esperanza de ganar mucho dinero (pegar el famoso pelotazo) en uno de ellos y así compensar sobradamente las pérdidas incurridas en los otros 9. A mí personalmente, este tipo de estrategias de inversión, basadas en la ruleta rusa o formalmente, basadas en la diversificación, no me convencen, pues no creo que invertir en startups sea como jugar a la ruleta en un casino o echar la primitiva, al menos no debería ser así, pues debería ser una decisión meditada, a sabiendas de que hay riesgo, tras un buen análisis global de la compañía, su modelo de negocio, su mercado, las posibilidades de crecimiento, el entorno y el equipo gestor, entre otros.

Por otra parte, no hay que dejarse engatusar por algunas de estas lanzaderas o incubadoras que buscan inversores para una siguiente fase de financiación, pues son parte interesada en que entren nuevos inversores y nuevo capital, teniendo en cuenta que esas empresas son socias a precio de fundador, es decir, que han comprado la participación en la startup a precio nominal de las acciones a cambio de asesoramiento y aceleración y, buscan inversores que pongan dinero, para lo que, en ocasiones, ofrecen con cierta visión sesgada del modelo de negocio donde todo son días de vino y rosas, dejándonos influir por el supuesto conocimiento que estas incubadoras tienen sobre los negocios de internet.

Por tanto, como la incertidumbre está presente siempre en cualquier empresa y mucho más en una startup tecnológica, a continuación voy a exponer cuáles son los principales riesgos que debe tener en cuenta cualquier inversor antes de apostar por uno de estos negocios. En este sentido, los riesgos asociados a la inversión se pueden clasificar en tres tipos, los asociados al modelo de negocio y su mercado, los riesgos operativos y los financieros asociados a la inversión. A continuación muestro, en mi opinión, los 10 riesgos más importantes:

1. El equipo de emprendedores, normalmente compuesto por los fundadores, debe ser equilibrado, estar motivado y tener ganas de superación. El equipo debe tener hambre por crecer y ser ambiciosos pues, de no ser así, el riesgo de fracaso estará bastante garantizado a menos que se cambie a dicho equipo. A veces, lo que buscan los fundadores es recuperar la inversión que han realizado y seguir en la empresa transmitiendo los problemas de gestión a otros.

2. Falta de mercado, al no haber identificado adecuadamente a los clientes, sus necesidades o bien que dados unos hábitos de consumo, la sociedad no esté preparada para acoger una determinada tecnología.

3. Modelo de negocio no escalable, lo cual está asociado a la necesidad de crecimiento de la compañía, es decir, si la startup no puede crecer de forma continua, los inversores no verán atractivo y se retirarán o bien, simplemente, no tendrán incentivos a entrar en el capital, pues el crecimiento es la principal señal de salud de un modelo de negocio.

4. Competencia con fuertes recursos financieros y capacidad de hacer presión sobre grupos de poder, lo que hace que nuestra startup no reciba las inversiones que necesita o simplemente no consiga el posicionamiento buscado. En este caso, dependiendo de la madurez del negocio, una opción es la posible venta a un competidor.

5. Imposibilidad de influir en la gestión de la empresa, es decir, ser el último mono, al no tener una participación mayoritaria lo que en la práctica supone ser un mero espectador y estar a la espera de las decisiones del equipo de gobierno, incluso las relacionadas con la venta de las participaciones.

6. Ausencia de dividendos, pues una compañía de nueva creación necesita varios años para obtener beneficios y además necesita capitalizarse lo más rápido posible por lo que la autofinanciación es el día a día.

7. Falta de liquidez de las participaciones, al no cotizar en mercados financieros, lo que hace que no haya un precio oficial y que no sea fácil encontrar otros inversores que puedan estar interesados en comprar nuestros títulos

8. Dilución de la participación en la startup, ya que cada vez que la compañía acude a una nueva ronda de financiación se emiten nuevas acciones que son compradas por nuevos inversores y que hacen que nuestro porcentaje de participación en la sociedad se vea disminuido, con ello, una pérdida de poder y control.

9. Riesgos legales o regulatorios, que debe ser muy tenido en cuenta ya que puede ser, en algunos mercados objetivo, una barrera de entrada enorme o bien una fuente de problemas judiciales, indemnizaciones o sanciones relevante. No hace falta recordar el problema de Uber en muchos países o bien las regulaciones que deben sufrir muchas compañías Fintech.

10. La falta de un Plan B, es decir, una respuesta a la pregunta, ¿qué hacemos si el negocio no funciona o no es viable?, pues dependiendo del plan de salida, se puede recuperar una mayor o menor parte de la inversión realizada.

Así pues, invertir en una startup puede dar más penas que alegrías, suele ser lo habitual y, por ello, lo menos que se puede hacer es analizar con detenimiento los principales riesgos asociados y reflexionar si uno está preparado para afrontarlos o mejor dejar el dinero a buen recaudo.

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